AL QUE LE TOCA, LE TOCA.
Nadie es tan joven para no partir al día siguiente, ni tan viejo como para no vivir un día más
La súbita desaparición física del conocido cómico Manolo Rojas, ha sido un bofetón a la realidad personal de quienes de una u otra manera lo conocía, ya sea en su trato diario, por ser vecino o por las apariciones por la televisión. Era un personaje dicharachero, persona alegre, habladora y ocurrente que siempre tiene un chiste, broma o dicho ingenioso a mano, sea con quien fuera su interlocutor, esté él en plena actuación profesional o en un fortuito encuentro al comprar pan, él era así en todas partes y en cada momento, rebosante de optimismo, personaje que tenía resuelta su vida, en lo económico y aparentemente en su vida privada.
A Manolo Rojas lo habré visto un sinnúmero de veces en skechet de la televisión y en lo personal me habré cruzado unas tres o cuatro veces en mi vida en diversas circunstancias, siendo una persona sencilla en su trato, culta en su hablar y siempre sin dejar de hacer humor fino, te dejaba la sensación de ser un amigo desde hace muchos años y que cada reencuentro era la continuación del anterior.
Su pronto deceso a los 63 años, yo soy mayor por nueve años, nos deja un contundente mensaje, somos los humanos finitos, tenemos plazos de caducidad, no importa que seas famoso, que tengas dinero, seas popular y agradable y que tengas una vida virtuosa y feliz, eso no es importante, simplemente cuando te toca, te toca.
Mi suegro tiene 92 años, para yendo y viniendo solo, desde sus tierras en Huancavelica, engañando a las empresas de transportes al utilizar a cualquier personaje como su acompañante, ya que por su edad no quieren llevarlo sin compañía. Se queja que nadie quiere heredarlo, nadie quiere tomar posesión de sus bienes allende en las alturas, a ningún familiar cercano le interesa seguir los pasos del patriarca, de criar vacas, cabras, gallinas, un caballo y su perro fido, pero el camina más rápido que yo, y el bastón que le regalé lo usa como una cayado que arrastra, como si paseara a su perro, pero no lo utiliza para apoyarse, yo le digo que no se queje, que agradezca a Dios que amanece cada día, y que todavía no necesita pañales ni nadie que lo acompañe al baño para asearse, es un hombre privilegiado, que estará con nosotros hasta que el Supremo decida.
Concluyo que en la vida todo es prestado, nada se queda con nosotros, desnudos venimos y así, sin nada también nos vamos, nada de lo que hallamos obtenido nos lo vamos a llevar, así que si tienes una edad avanzada comienza a hacer tus cálculos, como ese empresario que cuando cumplía 80 años de edad, hizo una reunión en Paris, Francia invitando a sus familiares más cercanos, a los hijos y nietos, como 30 personas, todo pagado por él. En plena cena, uno de sus hijos le recalcó:
“Padre, acuérdate que has ofrecido pagar todas nuestras cuentas, inclusive de nuestras esposas e hijos”.
Su respuesta fue la siguiente: “Claro hijo, he llegado a la conclusión que mientras viva, iré gastándome la herencia de Uds