EPISODIO DOS, CUBA: PATRIA Y VIDA TRIUNFAREMOS
La primera vez que fui a Cuba creía ingenuamente que era el "Paraíso Socialista"
Todo era una fantasía mantenida por terceros países
La primera vez que fui a Cuba, en febrero de 1987, la visión romántica que tenía y en que en esos momentos creía, era la del pueblo heroico, que sobrevivía a pesar del bloqueo de los “Gringos” de USA, que no querían que en su patio trasero se implementara una sociedad justa, en donde no había ricos y que todos tenían las mismas oportunidades.
El jale para asistir a sus eventos deportivos era que ellos se hacían cargo de la estadía, nosotros los peruanos de los pasajes; en esos momentos estábamos en el primer gobierno de Alan García, con una inflación galopante, con restricciones a las divisas, las Federaciones deportivas Nacionales andaban con una mano delante y otra atrás, ahorcados en presupuestos, siendo imposible brindarle a nuestros deportistas experiencias internacionales de calidad, Cuba era una oportunidad inigualable, ya que eran los únicos en América que le hacían el pare a los monstruos de luchadores norteamericanos, muchos de ellos campeones Olímpicos y mundiales.
Como sea conseguíamos los pasajes, los impuestos de uso de aeropuertos, el dinero de las visas que eran USD 20.00 dólares por persona, e ir si es posible, días antes para hacer una base de entrenamiento con su equipo Olímpico.
En ese primer viaje, 1987, vimos lo que ellos quisieron que veamos, aun ingenuos, vimos una sociedad pujante, con analfabetismo cero, cubriendo la alimentación básica total, educación y salud impecable y ni hablar el aspecto deportivo, tenían campeones mundiales, olímpicos y panamericanos.
Con mi compadre y compañero olímpico Carlos Hurtado visitamos la Escuela de Educación Física “Víctor Fajardo” en donde se encuentra el coliseo Cerrado llamado “La Mariposa”, por la arquitectura de su techo, allí conocimos a un gallego nacionalizado cubano que era catedrático, su nombre ya escapa de mi memoria, quien hizo de guía turístico, llevándonos por donde caminan los cubanos. Nos enseñó a tomar las “guaguas” (Ómnibus) que costaban 10 centavos de peso (al cambio de mercado negro era cinco pesos un dólar. El cambio oficial era de USD $0.80 por peso, mantenían un cambio irreal), caminamos por la calle Obispo, como decir el Jr. de la Unión en Lima, me enseñó las librerías que había, descubrí que los tratados de medicina y Anatomía Humana que venían de la Unión Soviética en español costaban sólo un dólar, de los cuales compré 20 de ellos y los vendí en el Perú a USD 20.00 cada uno; nos llevó a todos los bares del camino, incluyendo la famosa “Bodeguita del Medio”, nos contó las tradiciones de La Habana, cruzamos en un barquito la bahía, hacía el poblado de Casablanca, y tomamos una “guagua” a Cojimar en donde Ernest Hemingway escribió “El viejo y el mar”, tomándonos unas cervezas en el bar en donde el laureado escritor y premio nobel a la literatura del año de 1954 asistía.
En el camino nos cruzamos con una urbanización moderna de edificios de departamentos altos, de más de 10 pisos, que había hecho el dictador Fulgencio Batista y que por el apuro estas no habían sido entregada a sus compradores, por lo que Fidel Castro para hacer un poco de populismo, se las entregó a los más pobres, que vivían en covachas.
Resulta que como esta gente no sabía vivir en casas modernas, comenzaron a sacar los inodoros, los caños, el parque del piso y las barandas de las escaleras, esto último para usarlos como leña. Al enterarse de esto Fidel, mandó a su mano derecha, a Ernesto “Ché” Guevara, para educar a esta gente. ¿Qué hizo el “Ché”?
Al llegar al sitio con un pequeño contingente, arrestó a los que encontró infraganti rompiendo la infraestructura de la urbanización, convocó obligatoriamente a los vecinos en una plazuela, a los prisioneros los colocaron en una pared y delante de todos los fusiló. Allí comenzó su educación, ordenó a sus huestes para que enseñaran para que servían los baños y el parqué, como las agarraderas de las escaleras y les advirtió, que fusilaría a todos los que encontraran rompiendo las instalaciones del Estado. Por si acaso esto me lo contó el gallego que en esos tiempos aún era un joven que se había escapado de la España de Franco, siendo parte del contingente.
Se ve que el “Ché” Guevara había leído a nuestro Tradicionalista Don Ricardo Palma: “Letra con sangre entra”.
(continuará).